La batalla de las elecciones presidenciales en Francia del año que viene comienza comme d´habitude. Hay una posibilidad de que la final sea un pulso entre La Pen y Jean-Luc Melenchon. Así que el estáblishment imperial intenta evitar lla posibilidad de que un candidato que propone reformas sociales gane. Para eso se fomenta la “división de la izquierda” con candidatos fantoches de la “izquierda de derechas” que resten votos a Melenchon.
Llegará el día en el que alguien hará la crónica de la manipulación electoral de los últimos años en Francia (y Europa en general) para impedir la llegada al poder de candidatos “inseguros” para los intereses imperiales. En 2011 el Presidente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, era el candidato favorito de la primaria socialista. Por razones que se me escapan Strauss-Kahn desagradaba al establishment. No se fiaban de él. Le montaron un escándalo sexual en un hotel de Nueva York. Strauss-Kahn era un putero reconocido de amplio historial, así que no fue difícil comprometerle. En su lugar el también “socialista” François Hollande, un candidato “seguro”, se hizo con la presidencia.
Tras el mandato de Hollande (2012-2017), el candidato de la derecha François Fillon se perfilaba como el seguro ganador. Su defecto era que se llevaba bien con Rusia y sus presidentes y que mantenía cierta retórica gaullista. En enero de 2017 se le destapó un pequeño escándalo a través del más que ambiguo “semanario satírico” Le Canard enchaîné -contratar como asistentes a su esposa e hijos- que arruinó su carrera. El ex banquero de Rothschild Emmanuel Macron, un inconsistente americanoide que reunía todas las garantías requeridas, se hizo con la presidencia.
Con el prestigio de la institución, y de la República, por los suelos, ahora podría tener posibilidades un candidato fuera de control. Francia es el único país importante de Europa en el que un gobierno partidario de las reformas sociales, reticente a la eurocracia y en tensión con el imperialismo, podría abrirse paso. Eso tendría repercusiones en el conjunto de la Unión Europea y hay que impedirlo como sea. Se ha intentado presentar a Melenchon como “antisemita” – como se hizo con el más timorato Jeremy Corbyn en Gran Bretaña – por denunciar el genocidio israelí en Gaza y la islamofobia racista en su país. Melenchon es el claro objetivo del corrupto conglomerado mediático francés, pero aún así mantiene posibilidades. De ahí, la estrategia de dividir su base electoral con la estafa Glucksmann que Maike Gosch describe en este artículo. La campaña contra Corbyn, la presión contra Melenchon y, a otro nivel, el golpe de estado en ciernes contra Sánchez en España, forman parte de lo mismo: impedir cualquier tendencia que complique el vasallaje europeo. (Para meterse en el mundo de los palafreneros franceses del imperio, como Glucksmann, es recomendable escuchar la entrevista en francés indicada al final del texto de Gosch) (RPdF)

(El obituario del padre de Raphaël Glucksmann de 2015 en La Vanguardia)
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